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AC19 Inf. 2
(Spanish only/En espagnol seulement /Únicamente en español)
Traducción en español de los Anexos 1 et 2 del documento
AC19 Doc. 15.2 (Rev. 1)
(traducción proporcionada por la Autoridad Administrativa de Alemania)
Revisión de la cría comercial de tortugas en Asia
Las especies de tortugas dulceacuícolas se crían en grandes cantidades
para el comercio en Asia
======================================================================
Las operaciones de cría de tortugas en Asia se dedican
mayoritariamente a la Tortuga de Caparazón Blando de China, Pelodiscus
sinensis (anteriormente conocida como Trionyx sinensis o Trionyx
japonicus). Más abajo se describe con más detalles la historia de su
cría y comercio. Esta especie se presta a la cría comercial por la
combinación de características propicias que presenta, a saber un
crecimiento rápido, una tasa de reproducción anual relativamente
elevada, una amplia aceptación entre los consumidores y extensos
conocimientos sobre las condiciones necesarias para criarla.
También se crían otras especies de tortugas dulceacuícolas para fines
comerciales, en las que varían las cantidades y el grado de
autosostenibilidad. Entre las razones que pueden motivar la cría de
otras especies que no sean la Tortuga de Caparazón Blando de China se
encuentran un valor por animal o por kilogramo más elevado en algunas
especies, la facilidad para conseguir un plantel fundador de ciertas
especies en el mismo lugar, o unas condiciones medioambientales más
favorables para criar una especie determinada.
Existe al menos una granja en Hainan, China, cuyo propietario afirma
producir 10.000 crías de la especie de tortuga de caparazón blando
Palea steindachneri. Aunque resulte difícil verificar esta cifra, no
cabe duda de que se producen cantidades considerables de huevos y
crías dentro de los confines de esta granja y que no se añaden
planteles fundadores capturados en el medio silvestre, o muy
infrecuentemente. De este modo, la granja en cuestión está en vías de
criar en cautividad esta especie muy valiosa de una manera
autosostenible en un ciclo cerrado (Shi & Parham, 2001; Shi, Parham &
van Dijk, obs. pers. 2001).
Algunos empresarios de Tailandia y quizás de otros lugares han
investigado la posibilidad de criar en granja la tortuga nativa de
caparazón blando Amyda cartilaginea. Sin embargo, esta especie resultó
tener un crecimiento más lento y una tasa de reproducción anual más
baja que la Tortuga de Caparazón Blando de China, particularmente bajo
las mismas condiciones tropicales, de manera que incluso el mayor
valor por kilo de Amyda fue insuficiente para compensar la mayor
productividad que presenta Pelodiscus en términos económicos. Todos
estos establecimientos finalmente cambiaron de producción para no
criar más que Tortugas de Caparazón Blando de China.
En algunas regiones rurales de la India hay personas y comunidades que
llevan a cabo diversas formas de cría en cautividad de la Tortuga de
Caparazón Blando Hindú, Lissemys punctata. El objetivo principal de
estas actividades es la producción de proteínas para el propietario,
puesto que la especie es parcialmente vegetariana y los estanques se
pueblan con tan baja densidad que no es necesario darles de comer a
las tortugas. No hay información cuantitativa disponible sobre el
número de estanques explotados o las cantidades totales que se
producen anualmente, pero a causa del nivel del consumo de
subsistencia y el estatus legal protegido de la especie según la
legislación de la India, esta especie actualmente no se comercializa
en números significantes. Sin embargo, la especie ofrece posibilidades
para la cría en granjas a gran escala con un riesgo mucho menor de
convertirse en una especie invasora de su área nativa de distribución
(Whitaker, 1998; Whitaker, comentario personal a van Dijk, Dic. 2001).
Existen menos establecimientos de cría que se dedican a las tortugas
dulceacuícolas de caparazón duro, principalmente porque la mayoría de
las especies de tortugas de caparazón duro crecen y se reproducen a un
ritmo considerablemente más lento que las especies de caparazón
blando, pero en el mercado tienen un precio por kilo similar o
inferior. La cría de tortugas de caparazón duro, por tanto, no puede
competir directamente con la cría de tortugas de caparazón blando en
el mercado alimentario general. Así, queda limitada a nichos de
mercado como el comercio medicinal, la liberación de tortugas en los
estanques de templos u otras aguas para fines religiosos o el comercio
de animales de compañía. Las especies que para estos fines se crían en
grandes cantidades son principalmente la Tortuga de Reeves Chinemys
reevesii, la Tortuga de Estanque China Mauremys mutica en la China
continental y la Tortuga de Cuello Rayado de China Ocadia sinensis en
Taiwan (Chen et al., 2000).
Aparte de estas especies hay numerosos esfuerzos de criar en
cautividad una gran variedad de especies de tortugas en muchos lugares
distintos. Entre ellos se encuentran proyectos piloto y de pequeña
escala que pretenden investigar el potencial que ofrecen especies
determinadas para la producción masiva o de elevado valor así como
establecimientos que crían pequeñas o modestas cantidades de especies
de tortugas específicamente para el comercio internacional de animales
de compañía. Aunque las cifras tengan una importancia moderada en el
comercio de animales de compañía y, desde un punto de vista
conservacionista, estas especies y cantidades son insignificantes en
comparación con la totalidad de la producción comercial para el
mercado de consumo masivo. Es particularmente notable que los
esfuerzos de reproducción y cría en granjas afectan a una serie de
especies norteamericanas, entre ellas Trachemys scripta elegans y
Chelydra serpentina que han despertado preocupación por su potencial
invasor en otros lugares. En el cuadro 1 se encuentra un listado de
especies encontradas en las estadísticas de cría y observadas en las
granjas de tortugas en China.
Cuadro 1. Especies de tortugas dulceacuícolas objeto de la cría
comercial en granjas en China
Ampliamente criadas
[Anualmente, se producen más de 10.000 crías según estadísticas de la
Oficina de Gestión de las Importaciones y Exportaciones de Especies en
Peligro de la República Popular China (Shi & Fan, 2002)]
Pelodiscus sinensis
Palea steindachneri
Chinemys reevesii
Mauremys mutica
Ocadia sinensis
Trachemys scripta elegans
Criadas en cantidades modestas
[Producción anual de crías entre 1000 y 10.000 ejemplares]
Cuora trifasciata
Geoemyda spengleri
Chelydra serpentina
Macroclemys temminckii
Cuora amboinensis, C. flavomarginata – probablemente pertenezcan a
esta categoría
Se han observado en granjas pero está sin confirmar que se críen en
cantidades significantes.
Platysternon megacephalum
Lissemys punctata
Lissemys scutata
Cuora galbinifrons
Cyclemys species complex
Heosemys grandis, H. spinosa
Malayemys subtrijuga
Mauremys annamensis
Orlitia borneensis
Pyxidea mouhotii
Sacalia bealei, S. quadriocellata
Siebenrockiella crassicollis
Indotestudo elongata
Manouria emys
Chrysemys picta
Graptemys pseudogeographica
Sternotherus odoratus
Chelodina spp.
Basado en las estadísticas de la Oficina de Gestión de las
Importaciones y Exportaciones de Especies en Peligro de la República
Popular China (Shi & Fan, 2002), Shi & Parham (2001), y Shi, Parham &
van Dijk (obs. pers. 2001).
En China, se dedican actividades de investigación científica aplicada
con el fin de mejorar los métodos de cría de las tortugas de caparazón
duro. La mayor parte de esta investigación se ignora y es casi
inaccesible para el mundo occidental, pero se pueden sacar
conclusiones del hecho de que en el Volumen 8 de Cultum Herpetologica
Sinica, publicado en junio de 2000, publicara una amplia gama de
artículos herpetológicos sobre la taxonomía y distribución geográfica,
pero también un artículo sobre los avances en la cría de Tortugas de
Caparazón Blando de China (Li, 2000), dos artículos sobre diferentes
aspectos de la cría en cautividad de Cuora flavomarginata (Lu et al,
2000a, 2000b), un artículo sobre la sensibilidad térmica de la Tortuga
de Orejas Rojas de Florida (Trachemys scripta elegans) (Wang, 2000) y
un artículo detallado sobre cómo inducir la puesta de huevos precoz en
Chinemys reevesii y Mauremys mutica mediante la inyección de
gonadotropina coriónica y su empleo para incrementar la productividad
de las granjas (Li & Tang, 2000).
Resulta interesante el hecho de que todos los sistemas comerciales de
producción dedicados a las tortugas dulceacuícolas son explotaciones
cerradas o casi cerradas. Los animales adultos reproductores se
mantienen encerrados en la granja hasta que mueran o se vendan. Otros
animales reproductores adicionales pueden capturarse en el entorno
silvestre bien de poblaciones locales nativas o a través del comercio
regional o internacional de tortugas capturadas en el medio silvestre;
sin embargo, jamás se liberan animales recién eclosionados o mayores
criados en cautividad ni se ha intentado gestionar animales que pasan
parte de su vida en libertad. Probablemente esto tenga que ver con una
conjugación de factores biológicos y problemas de administración de
recursos comunitarios (o mejor dicho, la falta de administración). En
el caso de animales pequeños, valiosos y resistentes, en términos
económicos tiene mucho sentido mantenerlos todo el tiempo controlados
y seguros. Por tanto, la cría de tortugas dulceacuícolas en granjas no
existe y no parece ser un modelo viable en un futuro cercano o
mediano. La gestión de los planteles en la mayoría de las granjas de
tortugas en Asia que se han examinado parece más bien fruto del azar:
se añaden animales reproductores procedentes de diversas fuentes
siempre que sea conveniente. Aparentemente, no existe documentación
sobre la adquisición y los movimientos de planteles. A consecuencia de
esta situación, no parece factible en un futuro cercano, a excepción
de la mayor parte de granjas que crían Pelodiscus sinensis, que a las
granjas se les reconozca el estatus de establecimientos de cría en
cautividad según la Resolución 10.16 (Rev) de CITES, que exige
reproducción en ciclo cerrado a partir de la segunda generación criada
en cautividad.
Los mercados para tortugas de cría comercial
============================================
Tradicionalmente, las Tortugas de Caparazón Blando de China producidas
en granjas de Japón y Taiwan se usaban sobre todo en el consumo
privado como exquisitez, produciéndose muy poca exportación. Tras los
éxitos de atletas chinos entrenados por Ma Junren hacia finales de los
1980 y su dieta tan ampliamente divulgada que incluía sangre de
tortuga, la demanda de carne de tortuga y "suplementos sanitarios" que
contuvieran partes de tortuga aumentó considerablemente en Asia
Oriental. Para satisfacer esta demanda, incrementaron las
importaciones del exterior al igual que la cría en granjas nacionales
de Tortugas de Caparazón Blando de China en la China continental.
También subió la demanda en las colonias chinas en otros lugares, tal
como lo demuestra la importación a EEUU de 28.683 preparados
medicinales con tortuga de caparazón blando entre 1989 y julio de 1994
(Bright en Salzberg, 1994).
En los años 1990, casi toda la producción de Tortugas de Caparazón
Blando de China procedente de Tailandia fue exportada a Hong Kong,
Taiwan y China, que son países con mercados garantizados. El mercado
de consumo nacional de Tailandia era insignificante, aunque debido a
la disminución de las tortugas Amyda nativas en Tailandia, a mediados
de los años 1990, en los mercados del país se ofrecían con mayor
frecuencia Pelodiscus criadas en granjas. Aproximadamente en 1997, los
precios de la exportación al por mayor habían subido a niveles que los
consumidores nacionales en Tailandia ya no estaban dispuestos a
aceptar, haciendo que las tortugas de caparazón blando desapareciesen
de los mercados tailandeses y del comercio nacional que no fuera de
especialidades de marisco. De la misma manera, las granjas en Malaisia
e Indonesia exportaron casi toda su producción hacia la China
continental y a Singapur como otro mercado importante adicional.
Otro mercado secundario importante para vender tortugas de granja lo
constituye la demanda que hay por usar tortugas como parte de
preparados medicinales. Hay muy poca documentación en idiomas
occidentales sobre cómo se usan y preparan las tortugas para fines
medicinales, pero se sabe que existen preparados en jalea y polvo que
contienen en diversas cantidades los huesos del caparazón de tortugas
terrestres o de tortugas dulceacuícolas de caparazón duro, los huesos
del caparazón de tortugas de caparazón blando, y tortugas terrestres y
dulceacuícolas enteras. La Farmacopea de la República Popular de China
cita concretamente la utilización de Chinemys reevesii para estos
fines (Liu et al., 1999). No obstante, se cree que una gran parte de
la demanda por huesos de caparazón de tortuga se satisface con el
empleo de caparazones de una amplia variedad de especies de tortuga
capturadas en el medio silvestre (Wu et al., 1998), que en parte
constituye un producto secundario del comercio para fines de consumo
humano. La cría de Chinemys reevesii en granjas es extensiva, tal como
indica la producción anual de unas 910.000 crías y volúmenes anuales
de producción que se incrementaron de 266 a 427 toneladas métricas
entre 2000 y 2002. Se ignora la proporción de esta producción que se
destina específicamente a fines medicinales. También la Ocadia
sinensis tiene un importante potencial de producción masiva para
satisfacer la demanda de huesos de caparazón de tortuga como
componente usado en la Medicina Tradicional China, especialmente en
Taiwan donde la Farmacopea no recomienda exclusivamente el uso de
Chinemys reevesii (Chen et al., 2000).
El comercio internacional de animales de compañía constituye el tercer
mercado para las tortugas dulceacuícolas de granja. En los últimos
años, las crías de Ocadia sinensis se vienen comerciando en cantidades
significativas en los mercados de animales de compañía asiáticos y
mundiales, y se supone que vienen de las granjas de Taiwan. Los
números considerables de crías y ejemplares jóvenes pequeños de Cuora
flavomarginata y Geoemyda spengleri ofrecidos en mercados de animales
de compañía en la China continental, Hong Kong y otros sitios
probablemente se originen en operaciones de cría en cautividad, puesto
que resulta extremadamente difícil encontrar y capturar estas crías en
el medio silvestre (p.ej. Chen & Lue ante la prensa) y los animales
vendidos están en buenas condiciones de salud. Caben pocas dudas de
que las crías y los ejemplares jóvenes de Cuora trifasciata y Mauremys
mutica registrados en el comercio de animales de compañía proceden de
establecimientos de cría en cautividad, puesto que existen documentos
que acreditan la cría extensiva de estas dos especies en granjas.
Tendencias de la cría de tortugas en cautividad en Asia
=======================================================
En Japón, el pionero de la cría comercial de tortugas dulceacuícolas
bajo condiciones controladas fue un tal Sr. Hattori radicado cerca de
Tokio, quien comenzó sus actividades con las Tortugas de Caparazón
Blando de China Pelodiscus sinensis nativas del lugar en 1866. Hacia
finales del siglo XIX, la cría de tortugas de caparazón blando ocupaba
un segmento todavía muy pequeño de las actividades de acuicultura en
Japón. Estaba constituido por el negocio del Sr. Hattori, que dedicaba
unas 13,6 hectáreas de estanques a esta especie, más "varias granjas
pequeñas de tortugas". Se supone que los establecimientos de Hattori
producían 82.000 huevos en 1904 y unos 60.000 ejemplares de tamaño
comercializable en 1907 (Mitsukuri, 1904).
En Taiwan, la cría de tortugas de caparazón blando en granjas comenzó
en los años 1950 y suponía una pequeña parte de las actividades
acuiculturales hasta 1970 aproximadamente, momento en el que la
producción se incrementó rápidamente para colapsarse a principios de
los años 1990 y volver a crecer exponencialmente hacia finales de esa
década. En la China continental, la cría en cautividad de tortugas de
caparazón blando y otras tortugas dulceacuícolas se estableció en el
contexto de la liberalización económica del decenio de 1990. En la
segunda mitad del decenio de 1980, la cría en cautividad de las
Tortugas de Caparazón Blando de China, Pelodiscus sinensis, también
cobró interés en el Asia tropical. No está claro cuál fue el origen
del plantel fundador inicial, aunque es probable que saliera de
Taiwan.
In Singapur, Choo & Chou (1984, 1986, 1992) estudiaron diversos
aspectos de las prácticas de acuicultura y los parámetros biológicos
de la Tortuga de Caparazón Blando de China, y algunos empresarios de
Singapur establecieron granjas de cría en cautividad de tortugas de
caparazón blando en la región cercana del sur de la Península Malaya
(Heng, 1998). Muchas de estas granjas, al principio tuvieron
dificultades para desarrollar prácticas adecuadas de cría, y
fracasaron. Hacia 1985, unos pocos acuicultores de Tailandia también
experimentaron con la especie con diferentes grados de dedicación y
éxito. En Tailandia, la Fundación Agrícola incluyó un manual sobre la
cría en cautividad de tortugas de caparazón blando (Kamneung, 1989) en
su ampliamente difundida serie de folletos ilustrados dedicados a
asesorar a los agricultores rurales sobre las oportunidades y avances
en el sector. También la industria de suministros para acuicultura de
Tailandia notó que había un sector en auge y comenzó a publicar
información comercial, folletos con consejos, técnicas y publicidad
para piensos, bombas y otros artículos, y a organizar cursillos. En
los años 1990, la cría de Tortugas de Caparazón Blando de China en
cautividad aumentó exponencialmente tanto en Malaisia como en
Tailandia y surgieron dos tipos de "granja de tortugas de caparazón
blando". Un pequeño número de granjas mantiene planteles reproductores
de Tortugas de Caparazón Blando de China, habitualmente importados
desde Taiwan, con el fin de producir huevos e incubarlos. Una pequeña
parte de las crías eclosionadas se retienen y se crían para venderlas
para fines de consumo humano y para ampliar y rejuvenecer el plantel
de animales reproductores adultos, mientras que la mayor parte de las
crías producidas se venden al segundo tipo de granja, los
establecimientos puramente de cría y engorde. En este tipo de granjas,
las crías compradas se quedan aproximadamente un año hasta alcanzar el
peso necesario para poderse vender, unos 500 gramos. El tamaño de las
granjas de cría en Tailandia estaba entre 24 y 3.520 metros cuadrados
de superficie de estanque (fuente anónima, 1998). Estas granjas de
cría, principalmente pequeños acuicultores independientes que trabajan
por comisión o mediante cooperativas, se encontraban en toda Malaisia
y Tailandia, pero se concentraban en Johor, en el sur de Malaisia, y
en Rayong, Chanthaburi y Trat, en el sureste de Tailandia. En 1998
había más de 10.000 establecimientos de reproducción y cría en
Tailandia (Plengmaneepun, 2001); no hay información sobre el número
total de granjas de tortugas en Malaisia, aunque es probable que
hubiera centenares o incluso millares.
La normativa vigente viene a limitar el establecimiento de granjas en
Indonesia, donde se inició la cría de animales recién eclosionados
importados desde Tailandia, Malaisia o Taiwan en el norte de Sumatra
en 1997 (Samedi & Iskandar, 2000).
En 1999, China impuso restricciones a la importación de tortugas de
caparazón blando procedentes de granjas a causa de la contaminación
con bacterias de Salmonella. Después, se introdujeron más
restricciones para tortugas de caparazón blando procedentes de granjas
y para tortugas capturadas en el medio silvestre como parte de las
medidas de China tendentes a hacer más severas la normativa de
protección de especies silvestres y las regulaciones comerciales. Al
mismo tiempo, los suministros de tortugas de caparazón blando
procedentes de granjas en el país alcanzaron niveles máximos, haciendo
que los precios se desplomaran debido a mecanismos normales del
mercado. En 2000, los precios de las tortugas de caparazón blando y
otros productos de la acuicultura de agua dulce de alto valor habían
caído en un 50 % (Wang, 2001).
Como resultado se desplomaron los volúmenes exportados desde Tailandia
y Malaisia, causando el correspondiente bajón en los precios al por
mayor, lo cual hizo que muchos acuicultores cesaran sus actividades o
las sustituyeran por otras. De más de 10.000 granjas que funcionaban
en Tailandia en 1998, en 2001 quedaban 6.000 (Plengmaneepun, 2001), y
éstas se redujeron a un puñado de establecimientos moribundos para
septiembre de 2002, puesto que la mayoría de operadores sustituyó esa
producción por la de camarones o peces de agua dulce. De las 30
granjas que en 1997 había en Langkap, Malaisia, en mayo de 2000 sólo
quedaban 4 (Mimi Syed Yusof, 2000).
Puesto que el principal mercado de exportación estaba cerrado, los
productores de tortugas de caparazón blando radicados fuera de la
China continental buscaron mercados alternativos para vender su
producción. Esta búsqueda sigue planteando dificultades puesto que el
total de carne de tortuga consumida en Hong Kong, Corea y Japón parece
ascender tan sólo al 5% del consumo en China (Plengmaneepun, 2001), y
Singapur sigue siendo un mercado limitado. Muchas crías se han vendido
en el comercio mundial para acuarios y de animales de compañía. Se
está buscando nuevos mercados para sopas preparadas para gourmets,
carne y otros platos preparados con Tortugas de Caparazón Blando de
China de granja, incluyendo el marketing a través de Internet en
Alemania (Bennett's Trading, 2002).
El única país asiático que actualmente vive un incremento de la cría
de tortugas de caparazón blando en cautividad es Vietnam, donde parece
que los acuicultores se han iniciado sólo recientemente en la cría de
tortugas de caparazón blando, presuntamente Pelodiscus sinensis, y
donde la producción va a parar principalmente al propio mercado
nacional.
Resumen breve de las prácticas de cría en cautividad
Chen (1990) indica que la cría de tortugas de caparazón blando (y de
la mayoría de otras tortugas) en granjas, al igual que la cría de
peces voraces en cautividad, viene a ser una reducción neta de
proteínas. Las tortugas son una novedad culinaria que se presta para
comercializar en restaurantes exclusivos, y sólo en menor medida para
las cocinas caseras de personas acaudaladas. La cría de tortugas de
caparazón blando no dará proteínas a los pobres hambrientos, y aunque
muchos acuicultores rurales obtuvieron ganancias satisfactorias
durante el período de máxima demanda, después muchos se vieron
duramente afectados cuando el precio de las tortugas cayó por debajo
de los costes de producción y los ingresos no fueron suficientes para
cumplir con las obligaciones crediticias y cubrir los gastos de
explotación. Así, la cría de tortugas de caparazón blando en
cautividad ha resultado ser una actividad muy beneficiosa para alguna
gente durante algún tiempo, pero la expansión muy acelerada también ha
hecho que muchos granjeros e inversores se endeudaran y sufrieran toda
suerte de problemas.
Las granjas de tortugas habitualmente tienen estanques separados para
desovar, recintos para incubar y eclosionar, estanques para los
animales jóvenes y otros para los animales más adultos. Habitualmente,
todas las paredes son de hormigón vertical y muchas veces tienen un
saliente en el borde superior para evitar que los animales escapen.
Mitsukuri (1904), Kamneung (1989), Chen (1990), Heng (1998) y Zhou
(2000) aportan descripciones detalladas de diversos tipos de
estanques, sistemas de alimentación y técnicas de cría en diferentes
países. Los estanques a cielo abierto son lo habitual en regiones
tropicales y subtropicales, incluyendo el sur de China, mientras que
en regiones de clima más templado, son frecuentes las granjas
cubiertas parcial o totalmente y climatizadas según la temporada. El
tamaño de las granjas varía; las hay de pocos metros cuadrados
instaladas sobre un balcón o una terraza, y de varias hectáreas
radicadas en el campo. En el momento de su apogeo, cualquiera de las
grandes explotaciones en Tailandia y Malaisia tendrían en un momento
dado entre 10 y 25.000 tortugas de tamaño comercializable (400-600
gramos) (Mimi Syed Yusof, 2000).
Mitsukuri (1904) informa de que en Japón, las tortugas de caparazón
blando hibernaban durante largos períodos y crecían lentamente como
resultado de las condiciones climáticas de la región de Tokio. Cada
hembra producía unos 20 huevos por nidada y entre 2 y 4 nidadas al
año. Las crías recién eclosionadas tienen una longitud media de 27 mm,
las tortugas de un año miden 45 mm y pesan 28 g; las de dos años, 105
mm y 169 g; las de tres años, 125 mm y 300 g; las de cuatro años, 160
mm y 563 g y los animales de 5 años de edad alcanzan los 175 mm de
longitud de caparazón (LC) y un peso de 750 g. Estos animales se
alimentaban principalmente con almejas frescas trituradas y con
trocitos de pescado seco, crisálidas de gusano de seda, granos cocidos
de trigo etc. En Taiwan se les da de comer a las crías de tortugas
(2-3 cm, 2-4 g) diariamente una mezcla de restos de pescado triturados
y pellets de pienso para anguilas. La ración diaria asciende
aproximadamente al 10% del peso de las tortugas para los animales
pequeños, y al 5% para animales más grandes. El factor de conversión
de los alimentos es de 8-12, es decir que se requieren entre 8 y 12
gramos de pasta de pescado para producir 1 g de tortuga de caparazón
blando (Chen, 1990). Lo ideal es que después de 3 meses, el tamaño
promedio de las tortugas sea de 4-5 cm con un peso de 10g, y después
de 10 meses, 10 cm y 40-70 g. La tasa de supervivencia media durante
ese período asciende al 70%. En buenas condiciones, con 2 raciones de
alimento al día, el 50% de las crías alcanzan la categoría de
"grandes" (por encima de 500 g), el 35% alcanza un tamaño "mediano"
(300-500g) y el 15% no alcanza siquiera el tamaño mediano, siendo por
tanto no comerciable. En Taiwan, las Tortugas de Caparazón Blando de
China alcanzan la madurez sexual con la edad de un año y un peso de
unos 500 g, aunque se prefieren planteles reproductores de mayor edad
(6-9 años) dado que los huevos de las hembras muy jóvenes son pequeños
y supuestamente dan crías de calidad inferior. Una hembra puede llegar
a poner 6 ó 7 nidadas (50-200 huevos) al año (Chen, 1990). Para los
establecimientos de cría en cautividad de la China continental, se ha
informado sobre tasas similares de crecimiento hasta el tamaño
comercializable y sobre madurez sexual (Zhou, 2000).
Productividad actual de la cría comercial
=========================================
En las pasadas dos décadas, la cría de tortugas dulceacuícolas en
cautividad ha evolucionado y ha aumentado exponencialmente en la China
continental. Hasta hace muy poco tiempo no había datos disponibles
sobre la extensión de la producción y las tendencias futuras fuera de
la bibliografía redactada en chino; la única fuente disponible con
información cuantitativa son las estadísticas de la Oficina de Gestión
de las Importaciones y Exportaciones de Especies en Peligro de la
República Popular China (Shi & Fan, 2002, cuadro 2).
Desafortunadamente, algunas cifras no están claras del todo,
particularmente las cantidades de tortugas mantenidas y criadas en
cautividad que se indican para las provincias de Guangxi y Zhejiang
parecen ser demasiado optimistas. Incluyendo también las cifras
citadas para estas provincias, en la R.P. de China se mantienen en
cautividad unos 303 millones de Pelodiscus sinensis, 150 millones de
ellos en Guanxi y 120 millones en Zhejiang. Desglosando esta cantidad,
Zhejiang produjo 25 millones de animales para el comercio en 2000, 30
millones en 2001 y 35 millones en 2002; las correspondientes cifras
para Guangxi fueron de 17,2, 13,0 y 10,8 millones de ejemplares,
respectivamente. Por contraste, los 23 millones de animales en
cautividad en otros lugares llevaron a suministros al mercado de 46,
48 y 52 millones de animales vendidos durante esos años. Estas
diferencias proporcionales no concuerdan del todo con las tasas de
crecimiento bajo condiciones de granja que se conocen, y parece que
las estadísticas incluyen las crías recién eclosionadas que se venden
a granjas de cría y engorde como "ejemplares comerciales". Las
estadísticas de producción desglosadas según peso se ven igualmente
dominadas por las cantidades que suministran Zhejiang y Guangxi: En
toda China, en 2000 se produjeron 52.000 toneladas métricas (t) en
total, de las cuales 20.000 t corresponden a Zhejiang y 8.900 t, a
Guangxi. Para 2001, la cantidad total fue de más de 62.000 t, de las
cuales 30.000 t venían de Zhejiang y 7.800 t, de Guangxi, en 2002,
estas cantidades superaron las 67.000 t para todo el país, de las
cuales 35.000 t procedían de Zhejiang y 6.500 t de Guangxi. De este
modo, todo el incremento que se cita para China en su totalidad, en
realidad corresponde exclusivamente al aumento de producción en
Zhejiang.
Para medir la extensión de la cría de tortugas de caparazón blando en
la China continental, quizás la mejor estadística sea el número total
que se da para animales adultos reproductores, un total de más de 37
millones de animales que producen 375 millones de huevos de los cuales
eclosionan 286 millones de crías.
Cuadro 2 Producción total de Tortugas de Caparazón Blando de China de
la R.P. de China según las estadísticas de la Oficina de Gestión de
las Importaciones y Exportaciones de Especies en Peligro de la R. P.
de China (Shi & Fan, 2002).
Año
Producción anual de Pelodiscus sinensis en millones de ejemplares
Producción anual de Pelodiscus sinensis en 1000 toneladas métricas de
peso
R.P. de China
Guangxi
Zhejiang
Otras provincias
R.P. de China
Guangxi
Zhejiang
Otras provincias
2000
88.77
17.20
25.00
46.57
52.37
8.90
20.00
23.47
2001
91.03
13.00
30.00
48.03
62.49
7.80
30.00
24.69
2002
98.01
10.80
35.00
52.21
67.65
6.50
35.00
26.15
Mientras que la gran parte de la República Popular de China produce
animales que pesan una media de 500 gramos, Zhejiang constantemente da
cifras de producción que se refieren al valor de 1 kg por ejemplar. El
valor de la producción de provincias que no sean Zhejiang o Guangxi se
incrementa de manera muy gradual a lo largo del trienio en cuestión,
aunque la producción de Tortugas de Caparazón Blando de China de
Guangxi de hecho parece estar en declive, mientras que la producción
en Zhejiang está aumentando a un ritmo proporcionalmente muy
acelerado, generando unas ganancias supuestamente mayores que lo que
suma el resto de China en todo el trienio.
A pesar de la incertidumbre que comportan los datos disponibles,
parece evidente que la República Popular de China, particularmente
Hainan y el sur de la China continental, tiene un extenso sector de
acuicultura que produce Tortugas de Caparazón Blando de China. Si son
correctas las cifras de las que se informa, la China continental ha
sobrepasado ampliamente la producción que suman Tailandia, Taiwan y
otras regiones que anteriormente dominaban la cría de tortugas en
cautividad.
En Taiwan, en los años 1960 se producían anualmente unas pocas
toneladas métricas (t) de Tortugas de Caparazón Blando de China,
producción que en los años 1970 experimentó un marcado incremento
equivalente a 323 t en 1973 (Chen et al., 2000). Posteriormente, la
producción disminuyó lentamente, haciendo que en 1978 se produjeran
282 t de tortugas en estanques de una superficie total de 172 ha.
Durante la década de los 80, la producción siguió reduciéndose debido
a que disminuyó la demanda en el mercado, reduciéndose a 186 t de
tortugas y "probablemente a poco más de un puñado" de granjas de
tortugas con un total de 32 hectáreas hacia finales de los años 80
(Chen, 1990). Se tocó fondo en 1991, año en el que sólo se produjeron
21 toneladas. Puesto que luego mejoraron las condiciones económicas en
el país y aumentaron las exportaciones a China, Hong Kong, Macao y al
sureste asiático a partir de 1995, se registró una creciente demanda a
lo largo de los años 1990, haciendo que la producción de las granjas
expandiera hasta llegar a 2.237 t en 1997 (Chen et al., 2000). Las
cifras de producción disponibles para Taiwan se reflejan en los
gráficos 1 y 2, aunque no hay datos cuantitativos posteriores a 1997.

Gráfico 1. Producción anual de crías recién eclosionadas de la Tortuga
de Caparazón Blando de China, Pelodiscus sinensis. De Chen et al.,
2000.
Gráfico 2. Producción anual de Tortugas de Caparazón Blando de China,
Pelodiscus sinensis, según peso. De Chen et al., 2000.
Según los datos disponibles, el país pionero de la cría comercial de
tortugas dulceacuícolas, Japón, desde hace mucho tiempo no produce
cantidades significantes de Tortugas de Caparazón Blando de China u
otras especies de tortugas no marinas.
El número total de tortugas individuales que el Ministerio de Pesca de
Tailandia ha registrado como exportadas corresponde casi totalmente a
Tortugas de Caparazón Blando de China, puesto que las especies nativas
de tortugas están protegidas por la legislación nacional, quedando
vedada su exportación. El número de animales de compañía de especies
exóticas re-exportados es insignificante, y tampoco se considera
significante en Tailandia la producción y exportación de Tortugas de
Orejas Rojas de Florida, Trachemys scripta elegans. Por tanto, se
supone que el total de exportaciones registradas de tortugas se
refiere a exportación de Tortugas de Caparazón Blando de China,
Pelodiscus sinensis, criadas en cautividad, y dado que sólo se ha
comercializado en el propio país una mínima parte de la producción de
granja, los registros de exportación reflejados en el cuadro 3 dan una
idea de la productividad total bastante ajustada a la realidad. El
número de algo más de 470.000 en los primeros 7 meses de 1998 (van
Dijk & Palasuwan, 2000) no incluye la mayor parte de las exportaciones
de ese año, puesto que la cosecha tiene lugar a finales de la
temporada de lluvias, a tiempo para la máxima demanda que se produce
en Asia oriental al principio del invierno, haciendo que la mayor
parte de las exportaciones destinadas a consumo humano se realicen
hacia finales del año.
Cuadro 3: Total de las exportaciones de tortugas desde Tailandia tal
como las recogen las estadísticas del Ministerio de Pesca de Tailandia
(en van Dijk & Palasuwan, 2000). Las unidades corresponden al número
de ejemplares.
Año
Exportación
Importación
1994
469,578
38,962
1995
3,394,842
28,120
1996
6,045,667
8,049
1997
4,832,346
6,503
1998 enero – julio
472,130
90,500

Los máximos niveles de producción en el sector de cría de Tailandia
probablemente fueron más elevados aún. Se informa de que en octubre de
2001, las 6000 granjas restantes de Tailandia producían al día 300.000
crías de tortugas recién eclosionadas y 25 toneladas de tortugas de
peso comercializable para fines de consumo humano (unos 55.000
animales de 450 gramos cada uno), aunque probablemente sólo durante la
alta temporada. Se indica que estas cantidades corresponden tan sólo a
la mitad de las cantidades máximas producidas en 1998 (Plengmaneepun,
2001).
No están disponibles los datos referentes al volumen de producción
para Indonesia, Malaisia y Vietnam.
Las tortugas de caparazón blando que provienen de granjas se suelen
vender por buen precio. En 1904, Mitsukuri observaba que en Japón las
tortugas de caparazón blando se vendían por unos 6,50 ó 7,50 yenes por
kwan (= 3,75 kg), lo cual equivale aproximadamente a 1,00 USD por kilo
(dólares de 1904). En 1995, el precio de las tortugas de caparazón
blando en Tailandia había subido a unos 150 THB por kg para animales
enteros independientemente de la especie, equivalente a unos 6,00 USD.
En el nivel máximo del mercado en 1997 y 1998, los precios alcanzaron
entre 500 y 900 THB (20-30 USD) por kg en Tailandia, y 43 MYR (11,30
USD) por kg en Malaisia. Después de que cayeran drásticamente las
exportaciones a China, los precios se redujeron a 15 MYR (3,95 USD) en
Malaisia a principios de 2000, y a 80 THB (2,00 USD) en Tailandia a
finales de 2001, con un coste de producción que era de 120 THB por kg
(Mimi Syed Yusof, 2000; Plengmaneepun, 2001). En el mismo período, los
precios de crías de tortuga recién eclosionadas exportadas de
Tailandia para crecer en granjas en China se desplomaron de 7 THB
(0,18 USD) a 1 THB (0,03 USD) debido además a la competencia que
ejercían las granjas taiwanesas que producen crías a gran escala
(Plengmaneepun, 2001). En septiembre de 2002, ya no se podía
establecer un precio al por mayor para las tortugas de caparazón
blando de tamaño comercializable puesto que no había demanda por parte
de los mayoristas; parecía improbable la posibilidad de obtener
precios por encima de 50 THB por kg. Como decíamos antes, los precios
al por mayor en China también se redujeron hasta en un 50% a finales
de los años 1990 (Wang, 2001).
Resulta incluso más difícil determinar las cantidades de producción de
tortugas de caparazón duro en la China continental que saber las
correspondientes a la Tortuga de Caparazón Blando de China. Las únicas
estadísticas cuantitativas disponibles, que elabora la Oficina de
Gestión de las Importaciones y Exportaciones de Especies en Peligro de
la R. P. de China (Shi & Fan, 2002), indican cantidades de población y
producción sorprendentemente optimistas para algunas provincias,
particularmente Guangxi, mientras que otros datos de producción (p.ej.
de la Cuora trifasciata en Hainan) parecen quedarse cortos en
comparación con los planteles que se han observado en las granjas.
Dados los valores individuales muy elevados que se citan para algunas
de estas especies, los granjeros que trabajan con ellas son
extremadamente herméticos cuando se trata de sus planteles y
producción (Shi & Parham, 2001; Shi & Fan, 2002).
Debido a tanta incertidumbre en torno a los datos disponibles, es
imposible sacar conclusiones fiables sobre el alcance de la cría en
cautividad de tortugas de caparazón duro, aunque toda la información
de la que se dispone indica que la producción es extensa y afecta a
muchas especies diferentes.
Cabe muy poca duda de que en granjas de la China continental se cría
la Tortuga de Orejas Rojas de Florida (Trachemys scripta elegans), tal
como demuestran las cantidades significantes de ejemplares obviamente
nacidas y criadas en cautividad que se ofrecen en mercados de
alimentos de Asia oriental, entre las que se encuentran ejemplares de
variedades criadas en cautividad. De acuerdo a las estadísticas
elaboradas por la Oficina de Gestión de las Importaciones y
Exportaciones de Especies en Peligro de la República Popular China
(Shi & Fan, 2002), en los últimos tres años se viene produciendo cerca
de medio millón de Trachemys scripta anualmente para fines
comerciales. Esta cantidad todavía es inferior a la exportación
registrada de crías recién eclosionadas de T. scripta de EEUU a la
R.P. de China en los pasados años, que totalizó 4.650.000 ejemplares
en 1998, 4.710.000 en 1999, 7.500.000 en 2000, y 1.740.000 en los
primeros 10 meses de 2001 (datos de LEMIS), lo cual indica que la cría
de animales recién eclosionados representa una parte muy significante
del volumen total comerciado. Esta dinámica probablemente se vea
alterada en el futuro cercano por el hecho de que China haya puesto
fin a la importación de tortugas menores de 10 cm de longitud de
caparazón (Oficina de Gestión de las Importaciones y Exportaciones de
Especies en Peligro de la República Popular China, 2002).
Al parecer, también otras especies de tortugas de caparazón duro se
crían en cautividad en grandes cantidades. Entre ellas se encuentra
Chinemys reevesii, una especie adaptable nativa de las regiones de
China de clima templado. Según se informa, hay unos 234.000 animales
reproductores en granjas casi todas ubicadas en la provincia de Hunan,
que producen aproximadamente 1.880.000 huevos al año, de los cuales
eclosionan unas 910.000 crías que en los últimos tres años dieron
entre 630.000 y 93.000 ejemplares anuales para vender (Shi & Fan,
2002). La Ocadia sinensis se cría en cautividad tanto en la China
continental como en Taiwan, habiendo cerca de 400.000 animales adultos
reproductores principalmente en Hubei y Guangxi que en los pasados
tres años han producido anualmente entre 1,5 y 2 millones de animales
para vender (Shi & Fan, 2002). Los datos disponibles para Taiwan no
permiten hacer una estimación de la producción anual total, aunque es
probable que sean cifras sustanciales puesto que se cree que existen
muchas granjas, entre las cuales las mayores producirían unas 30.000
crías cada año (Chen et al., 2000). Las estadísticas de la Oficina de
Gestión de las Importaciones y Exportaciones de Especies en Peligro de
la República Popular China (Shi & Fan, 2002) indican que anualmente se
producen cerca de un cuarto de millón de crías de Mauremys mutica, la
mayoría de ellas en la provincia de Guangxi. Ha habido confirmaciones
independientes en Hainan de que existe una producción sustancial de
esta especie que asciende a un mínimo de mil crías en una sola granja
(Shi & Parham, 2001; Shi, Parham & van Dijk, obs. pers. en 2001).
En la China continental hay una serie de granjas que se dedican a
criar una especie de tortuga extremadamente valiosa, la Tortuga de
Caja China, Cuora trifasciata. Esta especie supuestamente tiene
propiedades preventivas y curativas del cáncer (Lee, 1999) y un
ejemplar adulto que pese aproximadamente un kilogramo puede venderse
por 1.500 USD (precio de 2001). Debido al valor muy elevado de estos
animales, los criadores dedicados a esta especie son muy herméticos en
cuanto a sus inventarios y su producción, y es difícil obtener datos
fiables. Sin embargo, cabe poca duda de que la producción es extensa
puesto que existen decenas o centenas de granjas de tamaño modesto y
de que las mayores entre ellas pueden producir hasta un máximo de mil
crías anuales a partir de sus planteles reproductores de 500-700
ejemplares adultos (Shi & Parham, 2001; Shi, Parham & van Dijk, obs.
pers. en 2001). En general, las estadísticas elaboradas por la Oficina
de Gestión de las Importaciones y Exportaciones de Especies en Peligro
de la República Popular China (Shi & Fan, 2002) se corresponden con
esta percepción, mientras que todavía quedan por confirmar los
indicios de que anualmente se producen 60.000 crías de C. trifasciata
en la provincia de Guangxi.
El problema de las especies de tortugas exóticas y su potencial como
especies invasivas
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Las Tortugas de Caparazón Blando de China son fáciles de criar en el
entorno tropical del sureste asiático. Los animales se comercializan
vivos tanto en la propia región, en Tailandia, Malaisia y Singapur
(van Dijk & Palasuwan, 2000; Sharma & Tisen, 2000) al igual que en
China, Taiwan, Hong Kong y Macao. Se informa desde una serie de
lugares de la existencia de animales escapados o puestos en libertad,
entre ellos Tailandia y Sarawak, y se han observado nidos en el estado
silvestre. Se puede observar el aguante de las especies en Hawaii,
donde persisten pequeñas poblaciones de Pelodiscus sinensis y P.
steindachneri en un hábitat limitado a pesar de que aparentemente se
explotan en ocasiones (Ernst et al., 1994). Un posible resultado
podría ser que las poblaciones tropicales asilvestradas de Tortugas de
Caparazón Blando de China serán mayores en número y posiblemente
también en biomasa que las poblaciones actuales de la tortuga de
caparazón blando nativa, la Amyda cartilaginea. Gracias a su rápido
crecimiento y su capacidad de reproducirse al cabo de uno a tres años,
las Tortugas de Caparazón Blando de China tienen un potencial de
reclutamiento mucho más elevado que la A. cartilaginea nativa, que
posiblemente necesita alcanzar un tamaño considerable y vivir hasta
diez años para llegar a la madurez sexual. Bajo la presión actual
ejercida por la caza, la mayoría de las A. cartilaginea se capturan
antes de llegar a la edad reproductora, haciendo que los niveles de
reclutamiento estén por debajo de lo que debería ser el nivel natural.
No está claro cual será el efecto, si es que se produce efecto alguno
que este establecimiento pronosticado de Pelodiscus sinensis tendrá
sobre los ecosistemas tropicales. Se carece de datos precisos, aunque
se puede partir de que en términos ecológicos, la P. sinensis se
aproxima a la Amyda cartilaginea cuando es joven y del mismo tamaño.
Los ecosistemas tropicales del sureste asiático, o lo que queda de
ellos, evolucionaron en presencia de tortugas de caparazón blando
desde el Mioceno como mínimo. Cabe señalar que las especies de
Pelodiscus, que tienen presencia en Asia central y oriental desde hace
al menos 12 millones de años (Kordikova, 1991), no han logrado invadir
ecosistemas tropicales, siempre que hubiera especies de tortugas de
caparazón blando nativas de mayor tamaño que ellas. También cabe
indicar que en Tailandia los granjeros de tortugas de caparazón blando
consideran que las Tortugas de Caparazón Blando de China están
agotadas físicamente cuando alcanzan la edad de cuatro o cinco años,
en contraste con edades máximas de más de una década que pueden
alcanzar en hábitats subtropicales o templados; parece que un estilo
de vida acelerado, "en el carril de adelantamiento", a largo plazo no
le hace bien a esta especie. Mientras que poblaciones asilvestradas de
Pelodiscus sinensis podrían establecerse y reproducirse con éxito,
particularmente en paisajes dominados por el hombre, no está nada
seguro si podría sobrevivir a largo plazo en presencia de poblaciones
saludables de tortugas de caparazón blando Amyda nativas. También
queda por ver si las poblaciones asilvestradas de Tortugas de
Caparazón Blando de China lograrían establecerse en el hábitat
montañoso de bosques y arroyos que habita la Tortuga de Caparazón
Blando Malaya, Dogania subplana, en la Península Malaya y el
Archipiélago Indo-Malayo.
Hay otras tres especies de tortugas dulceacuícolas que en los últimos
años se comercian y crían ampliamente en Asia, todas procedentes de la
América del Norte templada: la Tortuga de Orejas Rojas de Florida,
Trachemys scripta elegans, la Tortuga Cocodrilo o Mordedora, Chelydra
serpentina, y la Tortuga Aligator, Macroclemys temminckii. Existen
poblaciones asilvestradas particularmente de la Tortuga de Orejas
Rojas de Florida que se han establecido en todo el mundo a partir de
animales de compañía liberados o escapados, viéndose estas poblaciones
con menor o mayor preocupación en muchas partes de mundo, entre ellas
Francia, Italia, California, Sudáfrica, Israel, Taiwan, Tailandia,
Camboya, Malaisia y Australia (p.ej. Bouskila, 1986; Dupré, 1996;
Ferri & di Cerbo, 1996; Chen & Lue, 1998). En el contexto de la
realidad de Europa, las conjeturas inicialmente sin pruebas de que las
grandes Tortugas de Orejas Rojas serían competidores importantes de
las especies nativas más pequeñas y podrían cazar ejemplares jóvenes
de especies nativas, se han convertido en un hecho indisputable. La
Unión Europea ha llegado al extremo de prohibir la importación de la
subespecie en 1997 porque se parte de que supone una amenaza potencial
a las especies de tortugas dulceacuícolas nativas de Europa. Sin
embargo, en la documentación sobre la prohibición de la importación,
la Unión Europea admitió que no se tenía conocimiento de daños
ecológicos documentados. Luiselli et al. (1997) documentaron una
supervivencia invernal significantemente inferior de la Tortuga de
Orejas Rojas de Florida introducidas a Europa en comparación con las
crías del Galápago Europeo, Emys orbicularis. Las tortugas Chelydra y
Macroclemys se han comercializado en cantidades mucho menores, y dado
su modo de vida tan enigmática, resulta poco probable que siquiera se
note si fueran a establecer poblaciones asilvestradas, aunque el
potencial de establecimiento es elevado, compartiendo particularmente
la Chelydra serpentina la capacidad de adaptación a diversas
condiciones de hábitat, alimentación y otros aspectos ecológicos que
posee la Trachemys scripta. Entonces, ¿quizás estas especies puedan
suponer una amenaza significante para las poblaciones de tortugas
nativas de Asia y sus ecosistemas? Todavía no se dispone de la
información necesaria para dar una respuesta con certeza, pero hay una
serie de consideraciones relevantes al respecto.
Para estudiar los posibles impactos ecológicos de Tortugas de Orejas
Rojas de Florida en el Asia tropical y subtropical, es importante
recordar que en su área de origen, la Trachemys scripta es parte
integral de una comunidad variada de tortugas dulceacuícolas. Ha
evolucionado de tal forma que comparte su hábitat con muchas otras
tortugas de los géneros de Chrysemys, Pseudemys, raras veces Graptemys,
Deirochelys, Kinosternon, Sternotherus, Chelydra y Apalone,
solapándose en diferentes grados las preferencias de hábitat y
alimentación (Gibbons, 1990, Ernst et al., 1994). Trachemys scripta es
una especie oportunista, aunque en general no suele aprovechar nuevas
oportunidades para desplazar otras especies de tortugas, y logra
incluso con menos éxito penetrar en comunidades existentes.
Cuando el hombre crea nuevos hábitats, como por ejemplo embalses,
dentro del área de distribución natural de la Trachemys scripta, la
comunidad de tortugas que se desarrolla para aprovechar las nuevas
oportunidades está estrechamente ligada a la selección de diversas
especies que ha evolucionado en el entorno silvestre. En los embalses
del Valle de Tennessee, la Trachemys scripta, que normalmente es una
especie que vive en aguas estancadas, se da sobre todo en las caletas
poco profundas en las que desemboca algún arroyo. La Pseudemys
concinna se encuentra más hacia el lago principal, mientras que las
especies ribereñas Graptemys pseudogeographica, P. ouachitensis y
Apalone mutica prefieren las áreas de agua profunda hacia la
desembocadura de la caleta (Lindeman, 1997).
Existe un experimento a largo plazo que analiza los efectos de la
introducción de Tortugas de Orejas Rojas de Florida en un ecosistema
en cuya comunidad en evolución no había tortugas de la familia de las
Emydidae: la invasión de Mesoamérica por parte de tortugas Trachemys
desde el Pleistoceno. Según lo iban permitiendo las condiciones
climáticas y geológicas, las tortugas Trachemys fueron expandiendo su
área de distribución desde EEUU y México hacia el sur, y se encuentran
ahora en América Central, Colombia y Venezuela e incluso se han
localizado en Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Según la tortuga
iba avanzando hacia el sur, se topó con comunidades residentes de
tortugas Staurotypus, Claudius, Dermatemys, Rhinoclemmys, Podocnemidae
y Chelidae. Muchas de estas tortugas tienen hábitos muy diferentes y
no tendrían por qué verse afectadas por la invasión de Trachemys, pero
otras especies en teoría podrían sufrir el impacto de la competencia,
a saber, Dermatemys mawii y Podocnemis lewyana. Sin embargo, un
estudio de los fósiles de tortugas en la región, de la distribución
actual y de la historia natural de tortugas en América Central y del
Sur demuestra que los grupos establecidos se han mantenido, y la
Trachemys es una especie poco común limitada a hábitats de estanque en
regiones aisladas (Moll & Legler, 1971; Wood & Diaz de Gamero, 1971;
Pritchard & Trebbau, 1984; Iverson, 1992). La especie se diversificó
en coloración y dimorfismo sexual en el transcurso de su invasión (en
América Latina se conoce como mínimo una docena de subespecies:
Legler, 1990), mientras que al parecer no hubo presiones evolutivas
que hubiesen forzado una adaptación reproductiva al clima tropical
(Moll & Legler, 1971); estos hechos sugieren que las poblaciones de
Trachemys fueron relativamente pequeñas y estuvieron aisladas durante
la mayor parte de su incursión latinoamericana.
¿Qué predicciones pueden hacerse sobre las tortugas Trachemys dado su
establecimiento actual o inminente en Asia? En Asia se han formado
faunas de tortugas ricas y complejas en regiones colindantes. Se
conocen relativamente pocos fósiles de tortugas en Asia, pero la
información disponible indica que el área de distribución de las
especies, los géneros y las familias se ha ido expandiendo y
contrayendo, produciéndose invasiones y extinciones. Es probable que
una comunidad dinámica conformada bajo estas condiciones pueda
amoldarse a la llegada de otra especie más. Al enfrentarse con la
comunidad residente, la Tortuga de Orejas Rojas de Florida
probablemente encontrará el nicho en el que se desarrolló en su propia
región nativa y se convertirá en parte de la fauna de los estanques,
lagos, canales y otras aguas de corriente lenta situadas en las
llanuras y pobladas de plantas. Es poco probable que la Tortuga de
Orejas Rojas de Florida establezca poblaciones dominantes en
corrientes situadas en la montaña o el bosque o en grandes ríos y
estanques abiertos. Podría haber competencia en torno a los alimentos
con varias especies de tortugas dulceacuícolas nativas, pero en las
llanuras húmedas de Asia, es improbable que los alimentos constituyan
un factor de limitación. Si hubiera competencia, se produciría entre
las diversas especies de tortugas, peces, aves acuáticas, diferentes
invertebrados y otros animales antes que limitarse a una simple
competencia entre tortugas. Es innegable la posibilidad de que una
Tortuga de Orejas Rojas de Florida grande pueda comerse alguna cría de
una especie de tortuga nativa, pero las especies nativas han
demostrado ya durante mucho tiempo que pueden sobrevivir en un
ecosistema en el que sus crías pueden convertirse en presa de grandes
ejemplares de tortugas nativas, varanos acuáticos, garzas, cigüeñas y
otras grandes aves limícolas, grandes peces voraces y otros
depredadores. En parte, la depredación de las crías va en función de
la densidad de las crías y la tendencia de nadar en aguas abiertas y
de la densidad de los depredadores más que de la simple cantidad de
especies de tortugas potencialmente rapaces que haya en un ecosistema.
Por otro lado, la Tortuga de Orejas Rojas de Florida asimismo podría
convertirse en presa de especies depredadoras nativas. El
desplazamiento de tortugas nativas por parte de las bulliciosas
Tortugas de Orejas Rojas de los sitios en los que toman el sol es un
posible problema en aquellas regiones en las que las especies nativas
se asolean, como en la China continental y Taiwan, aunque los sitios
adecuados para tomar el sol serán un factor limitante sólo en
circunstancias muy excepcionales. Parece muy poco probable que las
poblaciones de Tortugas de Orejas Rojas no se vieran controladas por
los mismos factores ecológicos a los que están sometidas las
poblaciones de tortugas nativas. Las Tortugas de Orejas Rojas son
comestibles y no venenosas, estando por tanto sujetas al control por
parte de los depredadores en función de la densidad poblacional. De
hecho, el hombre puede incidir en medida suficiente sobre las Tortugas
de Orejas Rojas de Florida adultas como para mantener sus poblaciones
por debajo de los límites de tolerancia ecológica.
Resulta obvio que las poblaciones de Tortugas de Orejas Rojas de
Florida asilvestradas se establecerán con más probabilidad en regiones
muy marcadas por la presencia del hombre, como áreas urbanas y
agrícolas, que son precisamente las zonas en las que se han visto más
afectadas las comunidades de tortugas nativas. La disminución de
especies de tortugas nativas en regiones fuertemente impactadas por el
hombre se ha documentado ampliamente en todo el mundo. Resulta cómodo
culpar a las especies no nativas de que las especies nativas están
disminuyendo, pero es injustificado mientras no exista una conexión
convincente.
Por tanto, es imposible predecir la amenaza ecológica potencial que
supone el establecimiento de poblaciones asilvestradas de Trachemys
scripta elegans, o de Chelydra serpentina o Macroclemys temminckii por
analogía, sobre la base de nuestros conocimientos actuales de la
biología de estas especies en regiones de las que no son nativas.
Posiblemente estas especies exóticas de tortugas dulceacuícolas nunca
lleguen a establecerse de verdad y a largo plazo en Asia, en cuyo caso
no supondrían un motivo de preocupación. Podrían establecerse, en el
ámbito local o regional, y convertirse en parte de una comunidad local
equilibrada de tortugas dulceacuícolas y otros organismos. O podrían
convertirse en una amenaza ecológica dominante. Las respuestas sólo
pueden llegar haciendo un seguimiento constante de las tortugas
dulceacuícolas no nativas en combinación con estudios ecológicos de
las comunidades de tortugas en Asia y otros lugares; a partir de allí
se podrán proponer metodologías para una gestión activa de las
poblaciones no nativas de tortugas dulceacuícolas.
Perspectivas para el sector de la cría de tortugas en cautividad en
Asia y los efectos sobre la conservación de las especies asiáticas de
tortugas dulceacuícolas
=====================================================================
Resulta evidente que el sector de la cría de tortugas dulceacuícolas
de Asia es y seguirá siendo una actividad acuicultural muy dinámica.
La cría de tortugas, particularmente de la Tortuga de Caparazón Blando
de China, que tuvo su desarrollo, su crecimiento y su decadencia en
Japón, Tailandia y Malaisia, parece estar en una fase culminante en la
China continental y podría encontrarse en un segundo ciclo de
decadencia en Taiwan. Claramente, la cría de tortugas en granjas se ha
convertido en una actividad establecida con la cual muchos granjeros e
inversores han obtenido beneficios y perdido dinero en el vaivén de
las fuerzas económicas de la oferta y la demanda. Existe un ingente
mercado de consumidores con tradiciones muy arraigadas de consumo de
tortugas, haciendo que la demanda probablemente se mantenga en pie
mientras permanezcan intactas las tradiciones culturales de Asia
Oriental que la fundamentan. Para una gran parte de los consumidores
potenciales, consumir tortugas ya no es algo novedoso, sino que las
tortugas criadas en cautividad se han convertido en un bien producido
a gran escala. La bajada de los precios y, según algunas fuentes, las
cantidades producidas con relativa estabilidad, indican que no es
probable que la demanda siga creciendo en Asia Oriental. No obstante,
sí podría incrementarse la demanda por una mayor variedad o tortugas
de mejor calidad. Esta demanda se ve anticipada actualmente por
granjas que se centran en una producción de alta calidad (Zhou, 2000)
y en una diversificación de las especies de tortugas de caparazón
blando y duro que se crían en números significantes (Shi & Fan, 2002).
Hacia el sur, la población de Asia Suroriental tropical, aunque no
toda la población, aprecia las tortugas de caparazón blando como una
exquisitez. Tradicionalmente se capturaba en el medio silvestre una
cantidad constante de tortugas Amyda cartilaginea, en parte como
recolección selectiva y en parte como captura incidental durante las
actividades de pesca y agricultura que se desarrollan en el medio
rural. Puesto que esta oferta se dejó de vender en los mercados
nacionales para exportarla y generar mayores beneficios, los
restaurantes y mercados de los países en cuestión recibieron
excedentes de producción provenientes de granjas que crían Tortugas de
Caparazón Blando de China. Mientras que muchos consumidores
manifiestan una preferencia por las tortugas de caparazón blando
nativas y capturadas en el entorno silvestre, muy pocos consumidores
son capaces de diferenciar entre las especies de animales vivos o
congelados enteros, y mucho menos aún cuando las tortugas están
partidas o cocinadas. En 1997 y 1998, los precios de la exportación
mayorista alcanzaron niveles récord, justo en el momento en el que los
países del sureste asiático estaban intentando recuperarse del colapso
económico de octubre de 1997. De este modo, toda la producción de
tortugas de caparazón blando criadas en cautividad y capturadas en el
medio silvestre desapareció de los mercados nacionales durante varios
años. Cuando el mercado chino de las tortugas de caparazón blando
criadas en granjas comenzó a cerrarse cada vez más a partir de 1999,
no existía ningún mercado nacional activo que diera salida a la
producción de las granjas locales. Parece que son varios factores
combinados los que impidieron que las tortugas de caparazón blando
volviesen a ser un artículo de consumo habitual en el sureste
asiático, particularmente en Tailandia, entre ellos probablemente la
mala situación económica, la reducción del consumismo llamativo, una
conciencia general y mayor simpatía por la idea de la conservación de
la flora y fauna silvestres y una tendencia más marcada hacia la
compra de comidas preparadas y alimentos crudos en supermercados más
que en los mercados tradicionales.
La cría de Tortugas de Caparazón Blando de China en granjas es casi
totalmente autosuficiente en cualquier lugar en el que se pueda
desarrollar esta actividad. Es poco frecuente que los animales
reproductores adultos se capturen en el medio silvestre para añadirlos
a los planteles reproductores. El sector como tal no parece plantear
una amenaza significante a la existencia de la especie, aunque tampoco
es un aliciente para proteger y conservar de manera efectiva las
poblaciones silvestres que quedan de esta especie.
Ahora se ha hecho patente que en los últimos años, los números y
volúmenes de tortugas dulceacuícolas producidas en granjas sobrepasan
considerablemente las cantidades recolectadas en el medio silvestre
para el comercio internacional. En sus momentos culminantes, se estimó
que el comercio internacional de tortugas dulceacuícolas asiáticas
totalizaba entre 12 y 20 millones de tortugas al año hacia finales de
los años 1990, la mitad de las cuales provenía de granjas (van Dijk,
2002). Las estadísticas actuales de producción indican que podrían
criarse en cautividad hasta 125 millones de tortugas dulceacuícolas
destinadas a consumo humano (Shi & Fan, 2002), lo cual sobrepasa
ampliamente incluso las estimaciones máximas de las cantidades
capturadas en el medio silvestre. Aunque esta producción de granja no
hace desaparecer del todo la demanda de tortugas de origen silvestre,
hay indicios de que la producción en granjas ha estabilizado los
precios en el mercado y evita que unos precios excesivos lleven a una
explotación excesiva de todas las poblaciones silvestres de tortugas.
Actualmente es imposible evaluar hasta qué punto la existencia de
Viagra ha hecho disminuir la demanda de platos cocinados con animales
silvestres que supuestamente mejoran el rendimiento sexual, pero se
dice que este fármaco ha desempeñado un papel en lo que son las
tendencias de la demanda de productos a base de tigre.
Reviste sin embargo más importancia el hecho de que el nivel actual de
producción en granjas es suficiente para satisfacer la demanda de los
consumidores y que las prácticas de la cría en granja están
diversificando y mejorándose para ofrecer al consumidor una variedad
más amplia de productos de mayor calidad. Como ya no dependen de la
importación para satisfacer la demanda de los consumidores, las
autoridades reguladoras de los grandes países importadores pueden
ahora tomar medidas para contrarrestar la percepción internacional
negativa de que el poder adquisitivo de sus ciudadanos está haciendo
estragos en el sureste asiático y en la biodiversidad del planeta. La
combinación del deseo perfectamente comprensible de proteger su
acuicultura nacional ante la amenaza de enfermedades llegadas al país
a través de tortugas dulceacuícolas importadas y el deseo de reducir
la salida de moneda nacional como medio de pago para las materias
primas importadas, las importaciones a los grandes estados
consumidores de Asia se han ido restringiendo en los últimos años, y
es probable que esta tendencia continúe. En la medida en que van
desapareciendo los mercados de exportación más importantes para
comerciantes de tortugas del sur y sureste asiático, también dejará de
existir el aliciente de recolectar animales de sus poblaciones de
tortugas nativas para fines de exportación. La explotación de
subsistencia y el comercio regional seguirán existiendo, pero ya no se
verán impulsados por las exigencias del comercio internacional.
Para concluir:
¿La cría de tortugas en cautividad puede producir suficientes tortugas
como para satisfacer toda la demanda de tortugas existente en el
mercado?
No, puesto que la demanda es flexible y la cría de tortugas nunca
podrá competir en términos económicos con la producción de pescado o
pollo.
¿La cría de tortugas en granjas podrá sustituir a la importación de
tortugas silvestres capturadas a los mercados asiáticos de consumo
humano?
Lo más probable es que sí, dado que la producción en cautividad hoy
por hoy ya es considerablemente mayor que la cantidad total de
tortugas silvestres capturadas con el fin de exportarlas a Asia
Oriental. La demanda de los consumidores de una mayor variedad y
tortugas de mejor calidad para consumo humano son desafíos que los
productores ya están asumiendo.
¿La cría de tortugas en cautividad podrá reducir la presión que ejerce
la explotación sobre las poblaciones silvestres de tortugas
dulceacuícolas?
Probablemente sí podrá, ya que en primer lugar, las tortugas de granja
representan una alternativa para el consumidor que en términos
generales mantiene estable los precios de tortuga, evitando así un
aumento excesivo de los precios que llevaría a una sobreexplotación de
las poblaciones silvestres; en segundo lugar, la producción de las
granjas es lo suficientemente grande como para hacer que las naciones
importadoras no dependan más de los suministros importados y tengan
cada vez más libertad para limitar la importación de tortugas
dulceacuícolas capturadas en el medio silvestre, la cual acarrea
desventajas de diverso orden – salud animal, aspectos económicos e
imagen del país en el exterior.
¿Cuales son los aspectos negativos de la cría de tortugas en
cautividad?
La captura de los planteles de reproducción, la contaminación genética
y las especies exóticas invasoras son solamente tres posibles amenazas
que se asocian con la cría de tortugas en granja. Sin embargo, la
alternativa, infinitamente peor, sería una explotación no gestionada
de las restantes poblaciones de tortugas terrestres y dulceacuícolas
de Asia y del mundo.
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Revisión de la reproducción para la conservación de las tortugas
terrestres
y dulceacuícolas amenazadas de Asia (Anexo 2)
El concepto de reproducción para la conservación
================================================
Todavía no está disponible ninguna definición difundida y ampliamente
aceptada de 'reproducción para la conservación', pero para los fines
del presente informe, se entenderá que el concepto de reproducción
para la conservación se refiere a la cría de animales bajo condiciones
controladas de cautividad cuyo principal objetivo es mantener o
incrementar el número de ejemplares para fines de su conservación
biológica. Por ende, los objetivos de la reproducción para la
conservación son bien distintos de la cría comercial o la cría de
animales como actividad de ocio, aunque las actuaciones prácticas
tengan muchos aspectos en común. En un mundo ideal, la reproducción
para la conservación no sería ni siquiera necesaria, porque las
actuaciones de conservación de las especies a nivel de hábitat serían
suficientes para salvaguardar la supervivencia de la especie; sin
embargo, en el mundo real, por una serie de motivos las poblaciones y
especies pueden verse mermadas más rápidamente de lo que pueden
recuperarse bajo condiciones naturales. Así, mantener un número de
animales bajo condiciones seguras supone una medida preventiva. En el
caso de que las actuaciones primarias de conservación, llevadas a cabo
en el propio hábitat de la especie, no logren asegurar la
supervivencia de la especie en la Naturaleza, la especie se podría
reintroducir en el entorno silvestre mediante ejemplares criados en
cautividad. Los animales criados en cautividad también pueden servir
para aumentar poblaciones en declive o mermadas. En términos
generales, la reintroducción sólo puede llegar a buen puerto cuando
los factores que originalmente llevaron la población o la especie a su
decadencia y/o extinción ya no sean vigentes, al menos no en una
medida que ponga en peligro la supervivencia de la población
reintroducida. Entre los ejemplos de programas de reproducción para la
conservación que tuvieron éxito encontramos al Ciervo del Padre David,
al Órice de Arabia, a la Paloma Rosada de Mauricio y a la (sub)especie
de la Tortuga de Galápagos de la isla Española (Geochelone [nigra]
hoodensis).
La reproducción para la conservación y la crisis de las tortugas
asiáticas
Durante la crisis de las tortugas asiáticas que tuvo lugar en los años
1990, muchas personas interesadas en tortugas terrestres y
dulceacuícolas comenzaron a preocuparse por la posibilidad de que los
factores económicos de explotación combinados con una degradación
extensa de los hábitats llevarían a la extinción de una serie de
poblaciones e incluso especies de tortugas asiáticas. En el seminario
de Phnom Penh se hizo patente cuán serios eran los peligros que
amenazaban a las tortugas asiáticas: más de la mitad de todas las
especies se consideraron más amenazadas en 1999 de lo que fueron en
1996, a saber 18 especies 'en peligro crítico' entre 67 especies
amenazadas sobre un total de 90 especies. Evidentemente, las ONGs
conservacionistas se dieron cuenta y comenzaron a hacer frente a
algunas amenazas o, en su caso, continuaron sus esfuerzos. Sin
embargo, la mayoría de las personas más preocupadas no eran
conservacionistas profesionales sino aficionados europeos y americanos
que se oponían a la idea de que una especie que ellos criaban con
cariño en sus hogares pudiese extinguirse en el entorno natural. Esta
gente, que en su vida cotidiana se dedicaba a un empleo normal, a la
educación de sus hijos y a pagar la hipoteca, desarrolló la firme
voluntad de hacer una contribución tangible a la supervivencia de las
especies amenazadas de tortugas de Asia y de cambiar el rumbo de las
cosas. El problema parece sencillo: demasiadas tortugas están
desapareciendo del entorno silvestre. Asimismo, la solución podría ser
sencilla: producir más tortugas. Sin embargo, ni el problema ni su
solución son así de simples.
La solución de la crisis de las tortugas asiáticas no está en producir
más ejemplares de un máximo posible de especies de tortugas; en este
sentido, los esfuerzos de reproducción para la conservación jamás
podrían equiparar los niveles de producción que alcanzan las granjas
comerciales. Cuando se trata de la conservación de las tortugas de
Asia, la meta debería consistir en asegurar la existencia de especies
de tortugas en su área de distribución y hábitat naturales. Si algunas
especies de tortuga están amenazadas en el entorno silvestre de toda
su área de distribución, es deseable establecer una colonia de reserva
en cautividad en otro lugar para permitir que la especie sobreviva
hasta que las amenazas se hayan eliminado o al menos reducido
considerablemente. Cuando hayan cesado las amenazas, se pueden
reintroducir los animales de la población de reserva en el entorno
silvestre para reestablecer la especie en la naturaleza. Por tanto, el
objetivo de la reproducción para la conservación es mantener una
población cautiva cuyos ejemplares sean lo más aptos posibles para una
eventual reintroducción. El objetivo principal de cualquier
reintroducción debería ser el establecimiento de una población viable
y libre en el entorno silvestre, tratándose de una especie, subespecie
o raza que se ha extinguido o erradicado mundial o localmente en el
medio silvestre. Se debería reintroducir en el antiguo hábitat y área
de distribución natural de la especie y debería exigir sólo esfuerzos
mínimos de gestión a largo plazo (IUCN, 1998).
Poblaciones de reserva
======================
Por tanto, los animales de reserva criados en cautividad con el
objetivo final de reintroducirlos en poblaciones mermadas o
erradicadas deben tener las mejores oportunidades de sobrevivir en su
área de distribución y hábitat originales, y no deben dañar una
población restante de la especie ni su ecosistema. En términos
específicos, esto quiere decir que los animales de las colonias de
reserva deben cumplir una serie de criterios (IUCN, 1998). Los más
pertinentes son:
*
Los animales que se liberen a partir de planteles cautivos o
reproducidos con métodos artificiales deberían provenir de una
población que se haya gestionado bien en términos demográficos y
genéticos, de acuerdo a los principios de la biología de
conservación moderna.
*
Los planteles que en un futuro se liberarán han de someterse a un
proceso de vigilancia veterinaria concienzuda antes de
transportarse; no se deberían utilizar animales que no se
encuentren en un estado de salud ideal. El transporte debería
llevarse a cabo de forma que se minimicen los riesgos de contagio
o enfermedad durante el viaje.
Está claro que estas condiciones son fundamentales para poder
establecer y gestionar poblaciones de garantía de tortugas terrestres
y dulceacuícolas de Asia. Existen argumentos contundentes para
establecer y gestionar colonias de reserva de ciertas especies de
tortugas terrestres y dulceacuícolas de Asia en otros lugares, y
muchos conservacionistas y personas preocupadas respaldan este
proyecto. Sin embargo, no siempre se acaba de comprender que es
necesario ir mucho más lejos que criar grandes cantidades de
ejemplares de muchas especies en cautividad.
Hay una preocupación particular que tiene que ver con la reproducción
para la conservación de las tortugas asiáticas. En la mayor parte de
los casos, estas actividades se desarrollan en establecimientos que
mantienen varias especies juntas muy cerca las unas de las otras. Como
resultado, es prácticamente inevitable que las diferentes especies se
transmitan bacterias, virus y parásitos multicelulares, y se conocen o
sospechan casos en los que un organismo comensal no nocivo asociado a
una especie de tortuga ha ocasionado graves problemas de enfermedad en
otra especie. No obstante, los problemas veterinarios pueden tratarse
en establecimientos particulares para cada animal o población, de modo
que no deberían suponer un obstáculo general para la reintroducción a
partir de poblaciones de reserva.
Problemas genéticos que afectan a la reproducción para la conservación
de tortugas
Otra preocupación de mayor calado para las colonias de reserva de
tortugas terrestres y dulceacuícolas asiáticas tiene que ver con su
genética. Varias especies para las que resulta sumamente deseable
establecer colonias de reserva están muy extendidas, pero se
encuentran gravemente mermadas en el entorno natural, por ejemplo
Batagur baska, Chinemys reevesii, Cuora galbinifrons, C. trifasciata,
Mauremys mutica, Pyxidea mouhotii y Sacalia quadriocellata. Se sabe o
se supone que estas especies, e incluso otras especies más que
actualmente se clasifican en un nivel de amenaza inferior, han ido
diferenciándose en formas localmente diferentes de una manera más
sutil y compleja que la que está reconocida por la taxonomía. De este
modo, las colonias de reserva de estas especies han de tomar este
hecho en cuenta y deben consistir en planteles iniciales tomados de
estas unidades genéticas naturales. Para las especies que se saben o
suponen diversificadas, podrían necesitarse varias colonias de reserva
separadas que se asocien a cuencas hidrográficas, cordilleras u otras
unidades geográficas que delimiten unidades genéticas naturales.
Probablemente, recolectar estos planteles iniciales compatibles en el
plano genético sea el mayor reto a la hora de desarrollar colonias
verdaderamente de reserva de las tortugas terrestres y dulceacuícolas
de Asia, porque actualmente las colonias de reproducción para la
conservación que se están conformando dependen totalmente de los
factores prácticos que reinan: los animales disponibles para conformar
potenciales planteles fundadores provienen sobre todo del comercio
internacional, donde no hay indicios fiables de su origen geográfico.
Debido a los hechos descubiertos por la investigación taxonómica más
reciente sobre las tortugas, permanecen las dudas de que incluso una
determinación aproximada del origen de un ejemplar individual basada
en su estatuto de subespecie no sea siempre fiable, puesto que algunas
especies o subespecies pueden no diferir en el sentido taxonómico pero
sí ser ejemplares individuales seleccionados que tengan
particularidades morfológicas (p.ej. Platysternon megacephalum, o el
complejo de las Cyclemys), y en el caso de muchos taxones, las áreas
de distribución están muy poco definidas o significan poco (p.ej.
varias especies Cuora). Las estrategias tendentes a recolectar
planteles iniciales compatibles en el plano genético podrían
implantarse mediante la recolección específica de una cantidad
adecuada de animales en una sola población diferenciada; naturalmente
hay dificultades importantes en materia legal, biológica, práctica y
logística que habría que afrontar en estos casos, pero es una
posibilidad viable. Un método alternativo sería adquirir el plantel
inicial en un solo cargamento comercial, con el supuesto o al menos la
esperanza de que los animales se hayan recolectado en la misma
población y se hayan almacenado y transportado como un único grupo;
estos supuestos se pueden verificar después mediante las herramientas
de la genética molecular. Una complicación práctica que presentan los
ensayos genéticos en los animales reside en que hay muy pocos datos
del campo que permitan comparar los resultados genéticos obtenidos en
animales capturados: hay muy pocas especies de tortugas asiáticas, si
es que existen, de las que se disponga de un buen perfil genético, a
saber una determinación de la variabilidad y diversidad genéticas en
el interior de poblaciones individuales y entre diferentes poblaciones
presentes en el área de distribución de la especie en cuestión. Sin
embargo, paulatinamente se están recabando estos datos, y con animales
longevos como las tortugas hay tiempo suficiente para recopilar los
datos y adaptar la gestión de las poblaciones cautivas en función de
los resultados obtenidos.
La alternativa de una gestión genética cuidadosa sería el método de
"hacer algo al menos es mejor que no hacer nada". Hay razones para
reproducir y criar cualquier animal que esté disponible ahora mismo
sin tener en cuenta su origen geográfico y su afinidad genética. Se
puede aducir que es mejor obtener al menos algunas crías de animales
maduros de origen desconocido que no esperar a que la ciencia se
aclare con las cuestiones genéticas de poblaciones e individuos y
correr el riesgo de que el animal muera mientras tanto. Siempre existe
la esperanza de que los resultados de la investigación genética
lleguen lo suficientemente rápido como para reasignar los ejemplares a
otras parejas más adecuadas y hacer que sus genes se destinen a una
población de reserva perfectamente compatible a nivel genético, quizás
tras haber esperado a que pase un tiempo de 'cuarentena' lo
suficientemente largo como para evitar el problema del almacenamiento
de esperma en las tortugas hembras. Cualquier cría que se haya
engendrado anteriormente y que después se considere indeseable por
motivos genéticos podría apartarse de la línea de sangre y del
programa de reproducción para la conservación. Al menos, estas crías
habrían contribuido a mejorar las prácticas y los conocimientos en
materia de apareamiento, incubación y cría en cautividad, además de
mantener el entusiasmo entre las personas que mantienen y cuidan los
animales y entre el público en general.
Hay otras preocupaciones genéticas asociadas a la cría en cautividad
ex-situ para fines de conservación u otros. La diversidad genética a
largo plazo es un desafío significante puesto que se debe evitar la
endogamia. Los detalles particulares de la endogamia no siempre están
claros del todo, y aparentemente los riesgos de la endogamia afectan a
los distintos grupos taxonómicos en diferente medida, haciendo que en
general los reptiles sean menos susceptibles a defectos endogámicos
que los mamíferos; sin embargo, en términos generales una población
mínima de 500 animales maduros y reproductores no emparentados se
considera apropiada en el campo de la biología conservacionista. Es un
problema doble que afecta a muchas posibles colonias de reserva de las
especies de tortugas terrestres y dulceacuícolas de Asia: en el caso
de muchas especies, no existen 500 ejemplares maduros y reproductores
en cautividad, independientemente del parentesco entre ellas.
Sencillamente, tampoco se dispone ni de los establecimientos ni de los
conocimientos necesarios para cuidar de 500 animales adultos más
centenares de crías. Si además tenemos en cuenta que sería deseable
establecer colonias de reserva para unas 25 ó 40 especies, muchas de
ellas con diferentes subespecies u otras unidades de gestión
diferenciada, de repente nos encontraríamos con que aproximadamente un
centenar de aficionados, zoológicos y otros centros se verían ante la
tarea de ocuparse de unas 25.000 tortugas.
La gestión de las poblaciones de reserva
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Por estos motivos, hay que tomar decisiones y delimitar el número de
especies y grupos genéticos para los que sea posible gestionar
colonias de reserva, y determinar un número realista de ejemplares de
tortugas que puedan gestionarse. Será de importancia clave gestionar
de manera óptima los animales y los establecimientos disponibles. Se
necesitan registros genealógicos para gestionar los ejemplares
disponibles con sus detalles genéticos y líneas de sangre, y se
necesitan planes de gestión de taxones para aprovechar de manera
óptima los centros y demás recursos disponibles. Estos recursos y las
personas a las que pertenecen formarán el grupo de gestión de taxones.
Es deseable que haya una participación lo más amplia posible en el
grupo de gestión de taxones puesto que de este modo se incrementa el
número de ejemplares individuales de tortugas involucradas y, por
ende, la diversidad genética y el número de animales disponibles para
su inclusión en el programa.
En 1992, la asociación holandesa Dutch Turtle & Tortoise Society
comenzó a llevar registros genealógicos para un número pequeño de
tortugas terrestres y dulceacuícolas, entre ellas varios taxones
asiáticos, después de darse cuenta de que las poblaciones silvestres
de tortugas estaban disminuyendo y que las restricciones legislativas
cada vez más severas en Europa llevarían a una situación en la que
varias especies ya no podrían obtenerse mediante la importación. Para
garantizar la disponibilidad de estas especies para los aficionados,
tenían que llegar a ser autosuficientes, y se consideró esencial para
ello compartir información sobre la cría, hacer inventarios de
ejemplares de animales y gestionar la cría en términos genéticos. A lo
largo de los años, aumentó el número de especies para las cuales se
llevan registros genealógicos en la misma medida en que se extendió el
área geográfica de los participantes en el sistema. Se hizo necesario
contar con una estructura de gestión. Por este motivo, en 1997 se creó
una federación de organizaciones para coordinar los registros
genealógicos, la Overkoepelend Orgaan Stamboeken (OOS, o Coordinating
Body Studbooks en inglés) como fundación sin fines de lucro. En
septiembre de 2000, había registros genealógicos activos en los Países
Bajos, Alemania, Austria y Suiza para 32 taxones de tortugas
asiáticas. Mediante las prioridades de conservación definidas y debido
al interés personal de algunos participantes, las especies chinas se
convirtieron en una de las prioridades de la OOS, lo cual llevó a que
se estableciera en 1997 la Europäische Erhaltungszuchtinitiative für
Chinesische Schildkröten (ECS) o Iniciativa Europea de Reproducción
para la Conservación de las Tortugas Chinas con participación de
organizaciones e individuos dedicados a este campo procedentes de los
Países Bajos, Alemania, Austria, Suiza, Hungría, República Checa y
Eslovenia.
La similitud de las preocupaciones llevó a las mismas conclusiones en
Estados Unidos, haciendo que se conformara una amplia alianza dedicada
a la reproducción para la conservación de las especies amenazadas de
tortugas terrestres y dulceacuícolas asiáticas en el seminario IUCN
Asian Turtle Workshop: Developing Conservation Strategies Through
Captive Management celebrado en el zoológico de Fort Worth (Tejas) del
26 al 28 de enero de 2001. Primero, la organización se llamó Chelonian
Captive Survival Alliance (CCSA) y después se redenominó Turtle
Suvival Alliance (TSA, alianza por la supervivencia de las tortugas).
Su objetivo es crear un foro común para todos los que se ocupan de
mantener y criar especies amenazadas de tortugas terrestres y
dulceacuícolas (lo cual es una ampliación de su cometido inicial
relacionado sólo con especies asiáticas) y articular estas actividades
ex-situ a intervenciones de conservación orientadas a las tortugas y
los hábitats en los países en los que estas especies se encuentran en
estado natural. También la TSA tiene una estructura federativa que
aglutina un gran número de grupos de gestión de taxones (Taxon
Management Groups, TMG) activos e incipientes y se coordina con los
registros genealógicos europeos o incluso los integra parcialmente.
Aunque esta alianza agrupa preponderantemente a participantes
norteamericanos debido a su origen y el peso específico del movimiento
conservacionista en EEUU, la TSA es una organización con un enfoque
integrador y global que busca activamente establecer y promocionar
contactos con interlocutores en todos los países, particularmente en
los estados del área de distribución de las especies de tortugas
amenazadas. La propia TSA ha formalizado sus relaciones con el grupo
de especialistas Tortoise & Freshwater Turtle Specialist Group de la
IUCN y con una serie de otras organizaciones gracias a su posición
clave dentro del fondo Turtle Conservation Fund (TCF) recién creado.
De este modo, se ha establecido la estructura organizativa que
permitirá gestionar la reproducción para la conservación de tortugas
terrestres y dulceacuícolas amenazadas de Asia.
Para que un programa de reproducción en cautividad para la
conservación pueda llegar a buen puerto, es necesario solucionar una
serie de aspectos técnicos, entre ellos la identificación y el
reconocimiento de animales individuales, locales adecuados en los que
mantener los animales, conocer el tipo y modo de alimentación
adecuada, conocer y proveer la temperatura y el grado de humedad
idóneos al igual que los demás parámetros medioambientales, disponer
de los equipos y las prácticas apropiados para incubar los huevos,
disponibilidad de cuidados veterinarios, permiso legal para transferir
animales cautivos entre distintos países y la opción de aportar nuevas
líneas de sangre desde países del área de distribución.
Identificación y reconocimiento de ejemplares individuales de tortugas
terrestres y dulceacuícolas
Existe y se utiliza una amplia gama de técnicas para identificar y
reconocer tortugas terrestres y dulceacuícolas. El método más antiguo
es el sistema de Cagle (1939) que identifica al animal taladrando,
cortando o tallando un patrón de marcas únicas en los escudos
marginales de una tortuga. Esta técnica, que originalmente se
desarrolló para la investigación de la historia de la naturaleza en el
medio silvestre, se viene aplicando en la TSA para los animales que
tiene bajo su control. Es muy eficiente para muchas especies de
tortugas, aunque no para todas, pero muchos aficionados opinan que sus
tortugas quedan desfiguradas, haciendo que haya reticencias para
adoptar este método en todas partes. El aspecto positivo es que este
método hace que los animales sean reconocibles al instante, lo cual
facilita la gestión de los animales y disuade a los propietarios de
vender sus animales o de retirarlos del programa de alguna otra forma.
Otra posibilidad es la implantación de Transpondedores Pasivos
Integrados, también llamados etiquetas PIT o ‘microchips’, que se
implantan en el tejido muscular mediante una jeringuilla de tamaño
especial. Quedan implantados debajo de la piel de manera invisible y
responden con un número codificado único cuando se pasa un transceptor
por encima del implante. El método se emplea extensamente para
identificar perros, gatos, caballos y otros animales domésticos y si
se implantan correctamente son altamente resistentes a la
manipulación, aunque no imposibles de alterar. La identificación
mediante microchips en algunos países es obligatoria para ciertas
especies. Desafortunadamente, los transpondedores más pequeños
disponibles todavía tienen una longitud de 12 mm y un diámetro de 2
mm, lo cual impide que se implanten en pequeñas tortugas; está
extendida la opinión de que no se deberían implantar microchips en
tortugas que no alcancen los 500 gramos de peso. Esto dejaría fuera a
todas las crías recién eclosionadas y a los ejemplares jóvenes de
todas las especies de tortugas, e incluso los adultos maduros de
varias especies de tortugas terrestres y dulceacuícolas.
Particularmente en el caso de programas de reproducción en los que la
identidad de cada individuo es importante en cualquier momento y los
animales son pequeños durante varios años, la etiquetación PIT podría
prestarse a confusiones. El coste de los transpondedores sigue
reduciéndose, aunque todavía supone una partida significante
particularmente cuando un programa de reproducción produce docenas de
crías todos los años.
Un tercer método se basa en el reconocimiento de las características
morfológicas únicas de cada animal mediante un protocolo
estandarizado. Estas características habitualmente son el dibujo de
los colores o la forma y disposición de los escudos y/o escamas, pero
podrían ser otros rasgos en función de cada especie. El método se
viene usando extensamente para reconocer animales en el contexto de la
investigación de campo en materia de historia natural, particularmente
en salamandras y ranas, pero también se usa como herramienta adicional
de identificación en la investigación de tortugas en el campo. Quizás,
entre los primeros casos en los que se utilizó este método sea el de
las Tortuga de Orejas Rojas que se pusieron en una fotocopiadora en el
laboratorio Savannah River Ecology Lab en los EEUU. Más recientemente,
Bender (2001) ha investigado detalladamente la documentación visual de
tortugas terrestres. Los resultados demuestran que las fotografías
estandarizadas de una serie de especies de tortugas pueden utilizarse
para identificar animales individuales con un grado muy elevado de
fiabilidad. Queda por determinar cuán fiable es este método a la hora
de registrar los cambios que se dan en cada individuo joven según va
creciendo, y se necesita encontrar y verificar para cada especie
cuáles son las características únicas que pueden servir para la
identificación; sin embargo, hasta ahora este método de identificación
parece ser prometedor para animales de todos los tamaños y de toda una
serie de especies, sin necesidad de desfigurar o hacerles daño físico
a cada animal.
Mantenimiento de tortugas terrestres y dulceacuícolas en cautividad
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El principal factor determinante para casi todas las personas o
instituciones que crían tortugas terrestres y/o dulceacuícolas en
cautividad es el espacio del que pueden disponer. El espacio
disponible no sólo determina cuántos animales se pueden tener bajo
condiciones adecuadas, sino también qué especies. Está claro que las
especies que alcanzan tamaños máximos necesitan más espacio que las
especies más pequeñas, y en el caso de especies del mismo tamaño, las
que tienen un estilo de vida más activo requieren más espacio que las
especies que se mueven poco. También reviste una importancia
fundamental el temperamento de las especies y de cada individuo;
algunos animales se pueden mantener en grupos mixtos en compañía con
otras especies, mientras que otros sólo se pueden tener junto con uno
o varios animales de la misma especie o en reclusión solitaria casi
permanente. Se han determinado las superficies mínimas de los recintos
que requiere las tortugas para una amplia gama de especies
(Bundesministerium für Ernährung, Landwirtschaft und Forsten, 1997),
reflejándose estos datos en los requisitos legales vigentes en
Alemania; existen propuestas para tomar medidas similares en los
Países Bajos, y es de suponer que también en toda la Unión Europea.
Aunque sean relevantes los estándares mínimos, los proyectos de
reproducción para la conservación muchas veces exigen técnicas
adicionales de cría para mantener animales en condiciones lo más
adecuadas posibles para asegurar tanto su salud y bienestar a largo
plazo como su reproducción. Hay una gran variedad de tamaños y
estructuras diferentes en lo que se refiere a los recintos para las
tortugas, y el tamaño óptimo se determina sobre la base de la
experiencia y de las posibilidades existentes. Hofer (2000) desarrolló
una solución óptima para Geoemyda spengleri que consiste en cinco
terrarios relativamente espaciosos para un grupo de siete animales,
que cabían uno al lado de otro a lo largo de dos paredes de una
habitación pequeña, mientras que H. Meier (2002) construyó una especie
de invernadero en un lado de la casa y lo equipó con varias pilas, de
las cuales la mayor mide 10 metros cuadrados, contiene 6000 litros de
agua climatizada de 24° centígrados y un grupo de ocho Chelus
fimbriatus más una pareja de Chelodina siebenrocki.
Se toman medidas con el mismo cuidado para ofrecer condiciones
apropiadas de temperatura, humedad y otros parámetros medioambientales
que reproduzcan las condiciones bajo las que viven las especies en su
hábitat natural. En sus informes sobre la cría en cautividad, los
aficionados citan frecuentemente el "Atlas Climático" de Müller
(1983), que sirve como base para definir los perfiles de temperatura;
los sistemas de control por ordenador, que hoy por hoy están al
alcance de muchos aficionados, permiten reproducir tanto las
fluctuaciones diarias como los cambios de temperatura, humedad e
intensidad lumínica propias de cada estación.
También la incubación de los huevos es un tema para el que se requiere
considerar y experimentar muchos aspectos, y es objeto de las revistas
y reuniones de aficionados. En la última década, el pronóstico para
los huevos en fase de incubación ha pasado de ser incierto a ser
prácticamente bueno para muchas especies, aunque el problema de la
diapausa sigue planteando retos para algunas especies.
El tipo y el modo de alimentación es otro asunto que recibe amplia
atención. Hoy en día, la alimentación es más pura y sana gracias a que
se han desarrollado alimentos de tipo jalea con una base de gelatina.
Se han estudiado las necesidades exactas de los nutrientes para varias
especies; se acaban de publicar los resultados para Cuora amboinensis
y Heosemys spinosa (Helmink & Kuperus, 2002) y un estudio comparativo
sobre el tipo y modo de alimentación de Heosemys grandis, Orlitia
borneensis y Siebenrockiella crassicollis.
Sigue siendo un desafío importante el garantizar la salud de los
animales en cautividad. Las tortugas capturadas en el medio silvestre
son portadoras de una amplia gama de parásitos, comensales y
enfermedades reales o potenciales. Los conocimientos veterinarios
actuales y el tratamiento de los problemas de salud de las tortugas no
están en pañales, aunque seguramente sí se hallan muy atrasados en
comparación con los de los mamíferos. Dado que las tortugas son
ectotérmicas, es decir "de sangre fría", muchas enfermedades y
problemas de salud que presentan son muy diferentes de las afecciones
que pueden presentar especies de gran importancia económica, y la
investigación y las prácticas de los cuidados veterinarios para las
tortugas siempre serán un asunto de menor importancia. No obstante,
muchos parásitos y enfermedades se pueden tratar bien con terapias
veterinarias conocidas y divulgadas, y las características de los
propios animales ayudan porque tienen sistemas inmunitarios robustos
que toleran y eliminan muchos problemas de salud.
Hay muchos ejemplos notables de la dedicación y del esfuerzo con el
que se llevan a cabo los programas de reproducción para la
conservación, entre ellos el de Elmar Meier (2000, 2002a, b), quien
describe de manera pormenorizada las condiciones de cría para Cuora
zhoui, C. trifasciata y Clemmys muhlenbergii, o el de Victor Loehr
(2002) que lo hace para Homopus signatus y Buley & Gibson (2002) para
Pyxis planicaude en el zoológico de Jersey.
Restricciones legales para la gestión de planteles cautivos
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Entre muchos particulares hay una preocupación importante en relación
a lo que ellos perciben como requisitos cada vez mayores de
administración y restricciones legales del el mantenimiento, la cría y
la transferencia de animales. Esto afecta particularmente a aquellas
especies que están incluidas en los Apéndices CITES y en la
legislación europea sobre importación (EG) n° 1968/1999. En tanto que
las autoridades legislativas y reguladoras tienen principalmente el
objetivo de prevenir o restringir las importaciones no reguladas,
insostenibles o indeseables por algún otro motivo, el efecto a veces
llega a ser contraproducente cuando se impide transferir crías de
especies del Apéndice I de CITES producidas en cautividad. Existen
vías apropiadas para obtener permisos y documentación legales para
transferir animales entre criadores y entre países, pero los
obstáculos que hay que superar pueden ser muy elevados y costosos para
un individuo, haciendo que sea comprensible la decisión de dejar de
criar estas especies. Del mismo modo, hay trabas importantes aunque no
insuperables para adquirir animales adicionales capturados en el medio
silvestre a fin de integrar líneas de sangre frescas en los programas
de reproducción. Estos problemas probablemente se irán solucionando
con el tiempo en la medida en que las autoridades y los solicitantes
se familiaricen con los procedimientos y cuando ambas partes
comprendan que cada una intenta contribuir a su manera a la
consecución del mismo objetivo, la conservación de las tortugas.
Un aspecto que la comunidad de aficionados ha de aclarar es que no son
consumidores netos quienes respaldan la captura de animales silvestres
por el deseo personal de poseer esos animales en su casa. Han de
subrayar que sus observaciones sobre los animales cautivos contribuyen
a mejorar el nivel general de conocimientos sobre la historia natural
de las especies de tortugas; para ello, necesitan participar y
respaldar actividades de conservación e investigación en los estados
del área de distribución y necesitan poder presentar ante un público
amplio los animales que aportan tanta riqueza a sus vidas como
embajadores de sus especies y ecosistemas amenazados.
Reproducción para la conservación de las tortugas asiáticas amenazadas
–aportaciones y perspectivas
En resumen, la reproducción para la conservación de las tortugas
terrestres y dulceacuícolas amenazadas de Asia es un campo dinámico en
el que intervienen muchos particulares y muchas instituciones para
alcanzar objetivos muy ambiciosos que requieren enormes esfuerzos,
espacio, dinero y otros recursos para poder estar a la altura de
requisitos muy exigentes. Hemos de destacar que la mayoría de los
intervinientes aportan muchos de estos recursos de manera voluntaria
para hacer realidad el deseo de que unas tortugas pequeñas y poco
llamativas puedan seguir viviendo en poblaciones silvestres seguras. A
pesar de todos estos esfuerzos, ¿cuántas especies de tortugas
asiáticas realmente son objeto de programas autosostenibles de
reproducción para la conservación a largo plazo en alguna parte del
mundo?
Tal como hemos expuesto en los capítulos anteriores, un programa
autosostenible de reproducción para la conservación ex-situ necesita
contar con un número lo suficientemente grande de animales con un
origen genéticamente compatible a fin de evitar la endogamia en las
próximas generaciones criadas en cautividad, pero que sin embargo no
mezcle de manera inadmisible los genes de animales que no deberían
formar parte de una determinada población genética. Para que un
programa de reproducción para la conservación pudiese realmente tener
éxito, también tendría que poder contar con prácticas de cría en
cautividad bien documentadas a partir de experimentos logrados de
reproducción de una gama de animales adultos distintos en una serie de
establecimientos diferentes.
Un análisis pormenorizado de la reproducción en cautividad por
especies con datos sobre la cantidad total de animales criados en
cautividad y el número de animales con origen conocido sugiere que en
estos momentos no hay ni una sola especie de tortuga terrestre o
dulceacuícola de Asia que cumpla con todos los criterios que definen
un programa de reproducción para la conservación de innegable éxito.
Hay una serie de especies que se acercan bastante a este estado ideal,
como por ejemplo el programa para la Cuora trifasciata que lleva a
cabo el Kadoorie Farm & Botanic Garden de Hong Kong, donde se crían y
reproducen animales de sub-poblaciones conocidas de Hong Kong que se
integran en actividades de conservación de hábitats y reintroducción
planificada, pero incluso en este caso hay demasiado pocos animales
involucrados en el programa como para asegurar la diversidad genética
durante más de una o dos generaciones, a no ser que se añadan al grupo
animales capturados en el medio silvestre. Otra especie que se
aproxima es Geochelone platynota, que se reproduce con éxito bajo los
auspicios de la Wildlife Conservation Society, en un programa que
cuenta con actividades de cría ex-situ en los Estados Unidos y
actividades de investigación en el campo y conservación en el área de
distribución en Myanmar.
Muchos programas de reproducción para la conservación de especies de
las que se sabe o supone que sólo habitan un área muy pequeña podrían
tenerse por programas muy logrados de conservación puesto que se
supone que estas especies no tienen una variación geográfica
detectable. Por ende, esto supuestamente evita el problema de la
contaminación genética y permite que cada animal individual de la
especie pueda aparejarse con cualquier animal de la misma especie; el
único problema genético sería la endogamia, que se puede minimizar
mediante un buen registro genealógico activo. En esta categoría
encontramos especies como Cuora aurocapitata, C. mccordi, C. pani y C.
zhoui, Mauremys annamensis, Chelodina mccordi, todas ellas
clasificadas como "en peligro crítico" en el Libro Rojo de la UICN de
2000, al igual que Chinemys nigricans y Geoemyda spengleri que están
clasificadas como "en peligro". Casi todas las actividades de
reproducción en cautividad de Ocadia sinensis (en peligro) y Cuora
flavomarginata (vulnerable) involucran a animales procedentes de
Taiwán y están en el buen camino como programas de reproducción para
la conservación siempre y cuando se pueda verificar su compatibilidad
genética. Cuora serrata, Mauremys iversoni, M. pritchardi y una serie
de otros taxones representan un caso aparte. Estas podrían ser
especies de validez taxonómica y de gran interés conservacionista, o
podrían ser taxones híbridos sin ningún interés conservacionista; las
investigaciones genéticas y de otro tipo llevadas a cabo en los
últimos años han arrojado resultados contradictorios. Todos estos
taxones están sometidos a una intensa gestión de reproducción en
cautividad a sabiendas de que se pierde poco si finalmente queda
demostrado que algunas especies son híbridos, pero que habrá grandes
logros si efectivamente se trata de especies válidas amenazadas.
El párrafo anterior no debería de ninguna manera interpretarse como
una crítica de las actividades loables que se desarrollan con otras
especies. Sin embargo, hemos de llegar a la conclusión objetiva de que
si no se añaden más animales a las poblaciones cautivas existentes en
el mundo sería improbable que dentro de tres o cinco generaciones de
tortugas hubiese suficientes animales como para llevar a cabo un
programa de reintroducción para cualquier especie que entretanto
pudiese haberse extinguido en el medio silvestre. Se podrán haber
criado suficientes individuos de una especie particular, pero su
composición genética no concordaría con ninguna población que
actualmente vive en la naturaleza. Quizás este aspecto sea
irrelevante, quizás los animales de genes mixtos reintroducidos se
adaptarían perfectamente bien a las condiciones medioambientales a las
que actualmente se enfrentan las poblaciones locales. Sin embargo, los
avances actuales han de continuar, expandirse y acelerarse si
realmente se pretende desarrollar auténticas colonias de reserva
mediante la reproducción para la conservación.
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